Desde el momento en
que nacemos, sentimos que el amor incondicional nos envuelve.
Un bebe no necesita
hacer nada para ser amado, ya que siente el amor de todos los que lo
observan, y al haber entrado en el cuerpo hace tan poco tiempo, esta
muy conectado con su alma y con el amor de todas las almas y el amor
del universo.
A medida que
crecemos y entramos mas en este hermoso juego que es la vida, vamos
alejándonos de la conciencia del amor incondicional.
De un modo muy
sutil, aprendemos que este amor incondicional se corta en el momento
en que hacemos algo malo.
- Mamá y Papá me
aman, pero me tratan tan diferente cuando me “porto mal”, que
siento que en esos momentos ya no me aman.
Esto lo aprendemos,
ademas, de muchas religiones. Dios nos ama, siempre y cuando hagamos
lo que él quiere.
De a poco,
acompañados por todo nuestro entorno, nos vamos privando de un
regalo que es nuestro por naturaleza. Y aunque en el fondo sabemos
que ese amor nunca se fue, lo vemos tan alejado de nuestra realidad,
que comenzamos a hacer cosas para recuperarlo.
Intentamos
“portarnos bien”, y buscamos la atención constante y los
regalos, ya que aprendimos a sustituir nuestros deseos con parches.
Estas costumbres comienzan en la niñez y se mantienen en casi toda
nuestra vida.
Nos mantenemos en un
estado constante de desesperación silenciosa e intentamos llenar
nuestra sensación de vació con todo tipo de drogas, comida,
distracciones y estímulos.
Entre mejor nos
portemos en los ámbitos que concederemos buenos – Trabajo, dinero,
familia, conocimiento, y otros - mayores son la oleadas de amor que
nos permitimos recibir: pero nunca sera lo mismo.
De una manera muy
inconsciente, sabemos que perdimos el amor incondicional por causa de
influencias de otros, así que asumimos que los otros pueden
devolvérnoslo.
Pero lo cierto es
que jamas nos sentiremos completos. Esas distracciones no son lo que
estamos buscando.
Ni con toda la
aceptación, ni con todo el amor, ni con toda la atención que otros
puedan darnos, podremos llenar ese vació.
Ese vació esta en
el interior, y no puede ser llenado por el exterior, no importa
cuanto lo intentemos.
Quizás alguna vez
te sentiste en un estado de armonía, un estado de completud.
Sentiste que no tenias que hacer nada para ser feliz, que todo era
simplemente armónico. En ese momento te conectaste con el amor
incondicional del todo.
Ese amor es tuyo por
naturaleza. Siempre fuiste amado y siempre lo seras. Ese amor es
eterno, y nunca puede desaparecer.
Hay muchas maneras
de recuperar el contacto con el amor incondicional. Pasar tiempo en
la naturaleza, darle importancia a la propia expresión, meditar, o
cualquier cosa que te haga sentir simplemente bien con vos mismo,
puede acercarte a esa fuente de amor.
Una de las maneras
es la siguiente:
Creamos un tiempo de
soledad, un tiempo para nosotros.
Nos sentamos en un
lugar cómodo, con papel y lápiz a mano.
Nos relajamos a
nuestra manera, respirando, contando, o haciendo cualquier cosa que
te ayude a entrar en estado de quietud y destensión.
En ese estado, nos
conectamos con nuestro corazón. Colocamos ambas manos en él y
respiramos profundamente, sintiendo su latido y su energía.
Nos conectamos con
cualquier sensación que nos abrace, y cuando nos sintamos en
sintonía con nuestro corazón, escribimos en el papel 10 razones por
las que nos amamos a nosotros mismos.
Como por ejemplo
“Yo, Antonella Margarita, me amo porque sé mantener mis valores”
“Yo me amo porque
siempre doy lo mejor de mi”
“Me amo porque
viví muchos periodos de soledad, y ahora quiero permitirme amor”
Una vez que sientas
que finalizaste, volves a colocar las manos en el corazón y respiras
profundamente, dejando que cualquier tensión se libere y
preparándote para seguir con tu día.
Este ejercicio se
puede hacer tantas veces como quieras, tantos días como quieras.
No tiene
contra-indicaciones.
Entre mas conozcas
las razones por las que te amas a vos mismo, mayor sera tu conexión
con este amor incondicional, y menor tu necesidad de buscar la
aceptación en otros.
Con solo este cambio
de enfoque, vas a sentir como tu vida se llena de milagros.
Bienvenido.

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